Izquierda y medios de comunicación. Una necesidad pendiente

1u de xunetu de 2013 DE 2013 • Rafa Velasco

Históricamente la izquierda, y en particular los partidos y organizaciones obreras, siempre supieron de la necesidad de dotarse de medios propios de comunicación, con la cual trasladar sus mensajes e ideas. Consciente o inconscientemente toda expresión alternativa de modo de sociedad y Estado supo de la necesidad, aunque fuera intuitivamente, de medios de comunicación con la que ganar la hegemonía de los valores y las ideas. Desde los periódicos que Jacobinos y Cordeliers usaron en la revolución francesa, pasando por el Iskra de Lenin, o el L´Humanite y L’Unitá de comunistas franceses e italianos.
En España no fuimos ajenos a esa necesidad, con el El Socialista, del PSOE, el Solidaridad Obrera, de CNT, El Sol, de la izquierda republicana más liberal, o el Mundo Obrero, del PCE. El movimiento obrero y la izquierda siempre comprendieron que la realidad social se cambia con organización y que para la organización los medios de comunicación son importantísimos. Si se quería tener una alternativa social y política potente, capaz de disputar la hegemonía a la Iglesia y a la derecha económica, hacía falta construir medios propios, serios, solventes y sobre todo creíbles. Es más, cuando la prensa escrita fue cediendo paso a otros medios de comunicación, como la radio, surgieron, incluso en la época de la dictadura franquista, expresiones tan potentes como “La Pirenaica”, sin la cual no se podría comprender la lucha antifranquista de los años 50 y 60, ni las huelgas, ni las manifestaciones, ni ninguna otra expresión de combate, hubieran tenido la fuerza que tuvieron, sin la presencia de dicha emisora.
Sorprendentemente, o no tanto, llegó la Transición, y esa izquierda que pactó un lugar al sol de la instauración de la nueva monarquía, optó por renunciar a sus medios propios, confiando en que los medios del sistema fueran el cauce de comunicación con la mayoría social, al margen de pequeñas expresiones de prensa partidaria, más bien para adeptos convencidos, que para el pueblo en general. El PSOE prácticamente renunció a El Socialista, el PCE suprimió “La Pirenaica” y fracasó en su intento de convertir Mundo Obrero en un diario de masas, y otros sectores prefirieron enfangarse en viejas y nuevas cuitas que destrozaron intentos como el Liberación o en menor medida El Independiente. Solo en Euskadi primero con Egin y luego con Gara, o con fenómenos editoriales como Txalaparta, un sector de la izquierda logró mantener un periódico con fuerte implantación social, que explica en buena medida la realidad política vasca, y también la obsesión de la derecha política y judicial por destruir esos medios, que les hacían bastante más daño que los absurdos e injustos “tiros en la nuca” de ETA.

Fenómenos como el de “La Tuerka” y “Fort Apache” muestran las claves, a mi juicio, del camino a seguir. Es más, dicha lucha por la hegemonía está haciendo que los medios oficiales tengan que recoger en su seno, para no perder totalmente su credibilidad, a intelectuales de la izquierda como Juan Carlos Monedereo, Jorge Vestringe (¿increíble, no?), Pablo Iglesias Turrión y otros, que están librando una batalla de las ideas muy importantes en un terreno muy hostil.

Esa Transición también en materia de medios de comunicación se saldó con una derrota en toda regla en el campo mediático para la izquierda. Y con ello llegó la hegemonía del medio de fines del siglo XX, la televisión, y ahí la derrota fue total. Tertulias sólo de un palo, o de palo y medio; series con valores sociales muy determinados; informativos claramente tendenciosos, etc., explican, en buena parte, cómo la clase trabajadora aceptó resignadamente, cuando no ilusionadamente, unas políticas neoliberales, aplicadas por PSOE y PP, que la llevaban al desastre actual.
En estos momentos vivimos, no creo que ya nadie lo dude, una crisis de régimen importantísima, que también se plasma en los medios de comunicación. Lo peor que le puede pasar a un medio de prensa, escrita, radiada o televisada, es que no sea creíble. Eso le pasó al NO-DO de Franco, y hoy le pasa a la inmensa mayoría de los “noditos” televisivos que nos rodean. Esa crisis se da también cruzada con la aparición de Internet y las redes social, en las diferentes formas, así como la TDT y otras formas de transmitir la comunicación. En este campo empiezan a aparecer nuevas expresiones de combate mediático, que están sirviendo para entender movilizaciones como el 15-M, la lucha contra las hipotecas, etc., y que están permitiendo concienciarse y organizarse a nuevas vanguardias de lucha. Fenómenos como el de “La Tuerka” y “Fort Apache” muestran las claves, a mi juicio, del camino a seguir. Es más, dicha lucha por la hegemonía está haciendo que los medios oficiales tengan que recoger en su seno, para no perder totalmente su credibilidad, a intelectuales de la izquierda como Juan Carlos Monedereo, Jorge Vestringe (¿increíble, no?), Pablo Iglesias Turrión y otros, que están librando una batalla de las ideas muy importantes en un terreno muy hostil.
Partiendo de todas las reflexiones anteriores, el que esto firma cree que se hace necesario dar un paso más allá. En Internet tenemos mucha presencia, pero muy desperdigada, con muchas confrontaciones intestinas, que nos hacen perder productividad en nuestro enorme esfuerzo, y no estamos para dilapidar fuerzas. Todo lo que logremos en los medios oficiales bienvenido sea, pero será insuficiente y a veces puede llegar a ser una coartada para el régimen, si no logramos articular dos medios de comunicación absolutamente imprescindibles para dar la batalla en condiciones de ganarla: un periódico diario y una televisión de masas.
Es hora de plantearse en serio que aunar fuerzas, dejando pelos en la gatera y huyendo de maximalismos, para logar lo antes dicho, debiera convertirse en una prioridad de la izquierda organizada, la política y sindical en particular, y de los distintos sectores que cuestionamos la actualidad real existente. Podemos seguir haciendo esfuerzos por nuestra cuenta, podemos seguir la guerra por libre, etc., pero o llegamos a convertir nuestro pensamiento en hegemónico socialmente, o la batalla la ganarán siempre. Cada día que tarde será un día perdido.
Evidentemente, crear unos medios de ese tipo exige entender que esa izquierda es plural, y que esos medios también deben serlos. Debemos dejar de pisarnos la manguera entre bomberos de distinto color de uniforme, y hacer como ha hecho la derecha con medios como Intereconomía, Veo 13…, donde se aglutinan desde las expresiones más extremas a las más moderadas de la reacción, pero que todas juntas han logrado articular medios que llegan a muchísima gente y que influyen más en la gente que todos nuestros panfletos, octavillas, blogs, webs o fanzines.
¿Cómo logarlo? Quién sabe, pero lo primero para alcanzar una meta es plantearse la misma.