Huelga general el 14-N: necesaria, pero insuficiente

29 de ochobre de 2012 DE 2012 • Rafa Velasco

Con la que esta cayendo, qué menos que una huelga general se puede pedir. Ante tanta agresión a derechos sociales y democráticos la huelga es la respuesta mínima que tales retrocesos pueden recibir. Pero lo que antes podía parecer una medida de máximos hoy, ante el brutal avance del capitalismo más despiadado y de un nuevo fascismo con rostro amable, es una medida de mínimos.

Si algo aporta bueno esta convocatoria es su cierta dimensión europea, haciendola coincidir con otras movilizaciones y huelgas, muy en particular con la que se convoca en Portugal. Sin duda, el camino de la coordinación de luchas frente al enemigo común es una buena y saludable noticia. Aun así, la convocatoria sindical y de otras fuerzas sociales y políticas, queda por detrás de algo que, para mí, es imprescindible hoy, el cuestionamiento global del modelo de construcción europea. Quien siga creyendo que con más supuesta Europa se pueden conseguir más derechos sociales y democráticos está errando el tiro totalmente y lanzando falsas esperanzas hacia la gente que sufre. En los países del Sur de Europa no hay salida a las consecuencias que para los sectores populares genera esta crisis dentro del Euro. Para aplicar otras políticas, es necesario que los pueblos recuperen su soberanía, que rompen con el dogal que impone la Troika, y ello nos lleva necesariamente a romper con el euro. Que fuera del Euro hará mucho frio es una realidad insoslayable, pero dentro solo camben desahucios, suicidios, paro, miseria y explotación.

Los sindicatos, en particular los mayoritarios, CC.OO y UGT, siguen creyendo, mayoritariamente, que todavía pueden recuperar un papel en un supuesto Estado del bienestar que el desarrollo objetivo del capitalismo imperialista impide. Por eso gran parte de sus dirigentes no logran asumir que ya no los necesitan ni para imponer recortes, que van también a por ellos, porque estorban al desarrollo de este sistema depredador. Y mientras no se asuma esa realidad seguiremos convocando movilizaciones, una tras otra, sin objetivos claros, sin propuestas distintas, solo para un “virgencita, virgencita, que me quede como estoy”. Las ultimas y constantes manifestaciones, a lo largo del último año, incluida la del 15 de septiembre en Madrid, siguen presas, en gran medida, de ese lastre. Por eso mucha gente, de los que vamos y de los que no van, las ve como un día más donde darnos golpes de pecho, cubrir el expediente con el yo hice lo que pude y luego irnos todos, en nuestro chiriguito o tribu, a tomar el vermouth, o en Asturies la botellina sidra. La forma en que se está convocando esta huelga general responde en gran parte a esa filosofía, y así es muy difícil incorporar a nuevos sectores sociales a la lucha. La gente no ve una alternativa clara, una coherencia entre discurso y acción, y mucho menos un modelo de organización que permita que de una huelga se intente, por lo menos, salir mejor de lo que se entra.

Para nada el análisis anterior disculpa el discurso autojustificativo del esquirolaje de ciertas personas. No hay razones para que ningún trabajador o trabajadora no participe en esta huelga y en las manifestaciones que se convocan, pero sí hay ciertas críticas que se plantean que deben ser asumidas si no queremos seguir aumentando una sima insalvable entre el sindicalismo y la izquierda política de las
masas populares. Si no se escucha y se decide con la gente, si las huelgas no se trabajan en asambleas de centros de trabajo y en los barrios, por mucha gente que pare, será un fracaso y se estará abonando el terreno para que el fascismo ocupe nuestro lugar. Por eso a esa gente que critica con razón solo cabe pedirle que participe, no que critique en los bares, sino que diga más huelga y mejor huelga, no lo contrario, y si lo hace mejor que las actuales direcciones políticas y sindicales, que no dude en superarlas, que aquí nadie esta ungido de Dios para ser dirección de nada.

La crisis capitalista en España llega asociada o superpuesta a una crisis del régimen de la Transición. El consenso político del supuesto pacto constitucional hace aguas por todas partes, el problema territorial se extiende y hasta aparecen hijos naturales del Rey. En esa coyuntura, movimientos políticos, heterogéneos sin duda, como el 15-M o el 25-S han sabido poner el dedo en ciertas llagas y motivar a sectores sociales a los que los viejos roqueros de la izquierda no llegábamos, tanto por nuestro engolado discurso, como por nuestras esclerotizadas formas y nuestra dinámica de sectarismo permanente. Estos movimientos quizás no hallan pasado, pues no es fácil, del discurso de la indignación al de la propuesta, pero ahora empiezan a hacerlo, y sin duda ponen encima de la mesa más ideas y más soluciones que el resto del movimiento sindical y de la izquierda política juntos. Pero si esos movimientos quieren avanzar hacia algún lado, deben confluir con el resto de la izquierda política, pues aunque no se vean así, en algunos casos, son izquierda política, por sus formas y por sus propuestas. Es más, si queremos que esos movimientos y la izquierda política puedan cambiar algo la realidad actual, deben confluir con el movimiento obrero y sindical, con otros movimientos sociales también, para aglutinar respuestas y hacer un programa alternativo que ilusione a la gente, que permita decir podemos y queremos vencer. Si todos/as somos/as tanto inteligentes como generosos/as tenemos en el 14-N una oportunidad histórica, porque momentos históricos de cambio estamos viviendo. En esa línea alguna gente, poca, osamos lanzar una propuesta en el sentido de que la huelga del 14-N confluya con manifestaciones rodeando el Congreso y los parlamentos autonómicos, y también que se articule una plataforma reivindicativa de 5 ó 6 puntos irrenunciables que de no concretarse por las instituciones en un plazo de uno o dos meses, conllevaría la convocatoria de una nueva huelga, con fecha y hora fijada desde un primer momento, para que nadie se llame a engaño. De momento, las respuestas han sido escasas aunque positivas, pero ello no resta, a mi juicio, un mínimo de razón a tan ambiciosa propuesta, pese a que pueda chocar, en esto momentos, con el muro de nuestra propia debilidad para concretar modelos alternativos de lucha y de sociedad.

En Xixón, a 27 d’ochobre de 2012.