¿Es todavía posible una España plurinacional?

18 de ochobre de 2012 DE 2012 • Rafa Velasco

Como Paco Ibañez, suelo, el día de la “fiesta nacional” quedarme en la cama igual, pero hoy he preferido levantarme para escribir, con ánimo levantisco, pues hace falta que las personas nos levantemos, una y mil veces, frente a lo que está cayendo.

Como Paco Ibañez, suelo, el día de la “fiesta nacional” quedarme en la cama igual, pero en el día de hoy he preferido levantarme para escribir, con ánimo levantisco, pues hace falta que la gente nos levantemos, una y mil veces, frente a lo que está cayendo. Como mañana toca cacerolada contra los recortes, pensé en que hoy bien valía la pena perder unos minutos de mi tiempo en intentar reflexionar sobre todo lo que se está desencadenando tras el éxito de la manifestación de la ultima “Diada Nacional” de Cataluña y sobre todo sobre si es posible aún un marco de encuentro de los pueblos y naciones de España, equidistante, si es que se puede, de la deriva de patrioterismo que las derechas catalana y española están generando en los últimos tiempos, sobre todo para ocultar sus miserias.

Cuando los sentimientos afloran, y sobre todo son en tiempos de crisis económica, es difícil evadirse de ellos e introducir otros elementos de reflexión, y más aún si esos sentimientos se intentan, como es mi caso, racionalizar desde una óptica de clase. En esa línea, consideró que el auge popular que está acogiendo la reivindicación independentista catalana tiene mucho que ver con el fracaso del modelo de integración española en la Unión Europea, que ha colocado a este país, Estado o cómo queramos llamarlo, bajo el dogal de un euro y una troika que impiden cualquier desarrollo de una política que favorezca a la inmensa mayoría de la población. Pero resulta curioso, cuando no preocupante, la pobreza de un análisis que no ve más allá y que culpa a España de todos los males económicos que sufre el pueblo trabajador catalán, y es incapaz de ver que la mayoría de esos problemas los tendría también en una Cataluña que fuera un nuevo Estado dentro de la Unión Europea. Ese sentimiento que se expresó en la ultima “Diada Nacional”, que combina amor por la identidad propia y búsqueda de salidas distintas a una crisis del sistema vigente, es totalmente legítimo, explicable en términos políticos, pero tiene el riesgo de desvirtuarse y reconducirse hacia posiciones excluyentes si intenta sostenerse en la premisa exclusiva de las balanzas fiscales, y si deriva a culpar a otros pueblos del Estado de los males de Cataluña. Las causas de los males de la mayoría del pueblo catalán son las mismas que la de los males de la inmensa mayoría de la población del resto de España: una oligarquía política y financiera que mantiene un sistema socio-político y económico incapaz de dar respuestas a las necesidades de vida digna de la mayoría de las personas.

Es por lo tanto, a mi juicio, en estos momentos, la lucha por la independencia de Cataluña, y la de Euskadi también, una lucha que hay que intentar interpretar en el marco de una fuerte confrontación de clases, donde las posiciones de las clases dominantes, en todos los ámbitos, llevan ventaja, y donde, por ello, resulta difícil introducir un discurso alternativo, en términos tanto políticos como sentimentales, capaz de orientar hacia un puerto progresista luchas de ese tipo. Cuando las personas estamos muy cabreadas pero no tenemos instrumentos para localizar debidamente al enemigo, o si cuando lo localizamos nos vemos impotentes para combatirlo y plantearle una alternativa creíble e ilusionante, es fácil que podamos dejarnos seducir tanto por planteamientos no sólo nacionalistas, sino también incluso racistas y xenófobos. En esa línea Cataluña está siendo un marco donde por un lado, compiten por hegemonizar y orientar políticamente el éxito del 11 de Septiembre, sectores que ven en la independencia un camino a una sociedad más justa y democrática, y otros, con CiU a la cabeza, a los que sólo les interesa utilizar dicho clamor popular para ocultando sus miserias, deshacerse de la pesada carga del Estado español y colocarse en un terreno más favorable para seguir jugando a la Europa de los mercaderes. En este lado del Ebro, al PP también le viene bien, como le vino bien en su día las bombas y los tiros en la nuca de ETA, el tener un ogro al que culpabilizar de los males patrios y el cual utilizar como enemigo externo para disciplinar a los sectores populares que cada día están más hartos de tanto recorte Si logran derivar el debate político, como intentan, a decir que hay recortes en Cataluña porque la culpa es de España, o en Asturies o en Madrid, como dicen los inefables de UPyD, porque Cataluña nos roba, el campo está sembrado para que nos llevan al terreno de la confrontación social, y quién sabe si de otro tipo. Se sabe cómo se empieza pero no cómo se acaba. Si a ello unimos peligrosas expresiones, cada vez mayores, de un nacionalismo racista y xenófobo, que tiene ya gran fuerza en Cataluña y que incluso puede entrar en el Parlamento catalán de la mano del ex Fuerza Nueva Anglada, y con medios de comunicación del otro lado como Interecomomía, Veo 13, etc., que día a día nos bombardean, y ganan adeptos, con un discurso simplista y patriotero que culpa de todos los males a la política y al sindicalismo, los riesgos son cada vez mayores.

No quiero ser en mi análisis tremendista, pero sí que merece la pena pararse un poco a pensar si aún es posible desde la izquierda, en particular desde la que nos reivindicamos como revolucionarios/as, cambiar la agenda politica, y poner encima del debate real, no sólo el teórico; un modelo de anclaje nacional en España, que permita satisfacer las legitimas reivindicaciones de naciones y pueblos, y a la par disputar la hegemonía y el poder a las distintas oligarquías de cada territorio, e incluso arrebatárselo. Y digo si aún es posible, pues cuando la marea por la independencia en Cataluña y en Euskadi es tan grande, a la par que el patrioterismo español en otros territorios es tan inmisericorde obsceno, y la agenda politica es la que es y la izquierda federalista o confederalista tan débil, es difícil poder levantar una alternativa eficaz y eficiente. Personalmente creo que la izquierda de ámbito estatal hemos sido, unos, tan incapaces de asumir esa realidad plurinacional durante tanto tiempo, presos de los pactos de la Transición, y otros, tan cainitas, prostituyendo tanto el debate ideológico hasta convertirlo, que hoy tenemos difícil levantar un proyecto plurinacional que integre, con perspectiva de cambio social, las luchas y sentimientos de trabajadores/as de los distintos territorios del Estado, y que haga del mismo una bandera ilusionante por la que luchar.

No obstante el pesimismo que pueda traslucir el análisis anterior yo sí creo que se puede aún intervenir, por lo menos, en el debate político para decir que a los pueblos y naciones del Estado es más lo que nos une que lo que nos divide, que sí es posible construir un marco de convivencia en común, siempre y cuando seamos capaces de unir fuerzas para librarnos de las oligarquías que nos dominan y fijar claramente un discurso emancipatorio propio, distinto de los/as que utilizan las banderas y las fronteras para enfrentar a hermanos contra hermanos, incluso llevándoles a guerras fratricidas, a los que ellos y ellas no van, pero de las que se lucran. Para ello lo primero que tenemos que afirmar valientemente desde la izquierda que se reclama de otra España posible es que el derecho a decidir de los pueblos es inalienable y que debe poder expresarse democráticamente también con el derecho a separarse del Estado español. A mí me puede doler más o menos, gustar más o menos, que me duele y no me gusta, que Cataluña o Euskadi se independicen, y menos aún para seguir siendo dependientes de Bruselas y la Troika. Pero como demócrata tengo el deber de enfrentarme a todo aquel que amenace con ejércitos y coacciones varias ese derecho a la libre autodeterminación. Como persona de izquierda que cree posible todavía ese marco plurinacional de entendimiento tengo el deber, de convencer los que me rodean, y también a catalanes y vascos, de que la salida no pasa por nuevos estados centralistas para dentro pero colonias de Europa, o quién sabe si de los USA, sino por la apertura de un proceso constituyente en el conjunto del Estado que se hurtó a los pueblos de España en 1978, donde todos los proyectos puedan plantearse, y donde sean los/as trabajadores/as y sectores populares los que recuperen la autonomía de pensamiento y organización, y hagan avanzar una alternativa que recupere la soberanía frente a esos que llaman mercados, que no es más que el Capitalismo real, de siempre, que con el dogal del EURO nos ha convertido a todos/as en súbditos de poderes oligárquicos sin ningún control democrático. El problema es que como la agenda política es la que es, discursos como éste, que tenemos muchas gentes y organizaciones de la izquierda estatal, corren el peligro de convertirse en etc. o en la anécdota de una confrontación que dirigían otros. Espero que para poder darle vuelta a esa agenda que marca el enemigo de clase seamos capaces aún de tender puentes de amistad entre todos los pueblos del Estado. Tenemos una oportunidad importante tendiéndolos también entre las luchas sindicales y las de los movimientos 15-M o 25-S, y quizás para la próxima huelga general, planteada, parece ser, para el Sur de Europa el próximo 14 de Noviembre, un primer paso para poner pie en pared y empezar a caminar juntos contra el enemigo común. Si ello no es así el riesgo de que se produzcan en España escenarios como los de Yugoslavia es una hipótesis no sólo posible, sino también probable.