El voto útil. El todos son iguales y el mito de la unidad, o la paradoja del asno de Buridan

28 de abril de 2014 DE 2014 • Rafa Velasco

“El asno de Buridán es el nombre que se le da al animal que protagoniza un antiguo argumento de reducción al absurdo contraJean Buridan (1300 - 1358), teólogo escolástico discípulo de Guillermo de Ockham, defensor del libre albedrío y de la posibilidad de ponderar toda decisión a través de la razón. Para satirizar su posición, algunos críticos imaginaron el caso absurdo de un asno que no sabe elegir entre dos montones de heno (o, en otras versiones, entre un montón de avena y un cubo de agua), y que a consecuencia de ello termina muriendo de inanición (o de sed). Se trata, según algunos, de una paradoja, ya que, pudiendo comer, no come porque no sabe, no puede o no quiere elegir qué montón es más conveniente, ya que ambos montones le parecen iguales…”

Con los machacones argumentos del “todos/as son iguales” y del “voto útil” llevan años y paños los/as mismos políticos, incapaces de dar soluciones a la problemática que afecta a la mayoría de la ciudadanía, repartiéndose el pastel entre ellos/as, y haciéndonos cómplices de su fechorías con nuestro voto.

Ambas teorizaciones llevan a la muerte de la Democracia, uno de cuyos principios básicos es el de la libre y racional elección entre alternativas diferentes. Si el pueblo se le impide elegir libremente, por un lado, haciéndole creer que su decisión no vale nada, pues solo puede elegir entre dirigentes y políticas igual de perniciosas para sus intereses, encaminándole al delegar y no participar en los asuntos públicos, y por otro lado, se le somete a la dictadura del “voto útil” que es votar sólo a unas opciones muy determinadas, y controladas, y que todo lo que sea salir de ahí resulta inútil, al final la democracia deja de ser tal, pues no es el poder del pueblo, sino la mera elección del recambio de las elites que detentan el poder, que son las que se autoproclaman como únicamente válidas y útiles.

Las consecuencias de ese modelo político, salido de la Transición, en forma de un Bipartidismo Imperfecto, las sabemos la mayoría: paro, corrupción, desahucios, represión del que disiente etc… Hoy cunado se avecinan unas elecciones europeas, y proliferan nuevas alternativas, por la izquierda y la derecha, vuelven a salir como setas los ideólogos del régimen para decirle al pueblo “No te atrevas a cambiar” y “Confórmate con lo malo conocido, que con lo bueno por conocer”. Tristemente estos son argumentos no sólo de las dos fuerzas básicas del régimen (PSOE y PP), sino que otras que se llaman alternativas lanzan el mismo discurso, reduciendo de nuevo al pueblo al papel de comparsa en su juego de tronos.

Desde la izquierda del régimen, aquella que pacto renuncias tan importantes en la Transición, el caldo del que antes hablaba se adereza con la manida palabra “Unidad”. Según ellos/as aquel o aquella que se atreve a pasar de militar socialmente (si montas mil ONGs que te piden a ti subvenciones no molestas, no preocupas, y te adoran), a militar políticamente (pasando de ser adorado, a vilipendiado, como ha pasado con Pablo Iglesias o Juan Carlos Monedero), es el que rompe la unidad, y es el culpable de que no pueda haber cambio social, cuando este es posible. Resulta esperpéntico que aquellos/as que más división han creado, impidiendo la democracia interna, expulsando o mandado al ostracismo al discrepante, cuando alguien dice un “Aquí estoy yo”, y decide ejercer libremente sus derechos, incluido el de poder hacer política y concurrir a las elecciones, le intenten convertir en verdugo, cuando realmente ha venido siendo victima tantos y tantos años. Olvidan los apóstoles de la supuesta unidad, que el cambio social no viene sólo dado sólo de la mano de una organización muy fuerte ( el PCE era el partido, y vemos lo que paso en la Transición; y el PSOE tuvo 202 diputados y vemos quien cambió a quien), sino del tener un proyecto capaz de ilusionar, de autoorganizar, de convertirse en instrumento útil para la participación política y sobre todo de ser capaz de no doblegarse ante el poder realmente existente cuando de verdad toca confrontar y poner la alternativa encima de la mesa. Olvidan algunos/as de ellos/as que se sabe a donde pueden llegar ciertas políticas, pues ya han tocado poder municipal y autonómico, y no se porque pueden hacernos creer que serían diferentes con una mayoría estatal o europea.

La unidad es buena, sin duda, para la alternativa de cambio, pero se construye no se decreta. Durante épocas de derrota, como fue la caída del bloque socialista y la práctica desaparición de la izquierda política organizada al margen del PSOE y PCE, en los años 90 del siglo pasado, muchos/as de los/as militantes y dirigentes de esas organizaciones se refugiaron en ONGs y similares, desde donde hacían lo que podían, dejando el plano político fundamentalmente en mano de esas dos organizaciones políticas. El recorrido que ello tuvo lo conocemos hoy perfectamente.

Pero hoy vivimos una crisis de régimen y sistémica importantitisima y son miles las personas de izquierda (y también en la derecha se ven fenómenos análogos) que no ven futuro en las alternativas que actualmente existentes, y que machaconamente se proclaman las únicas posibles. Es por eso que personas que antes pasaban de intentar confrontar electoralmente el 25 de Mayo van hacerlo, desde múltiples plataformas de nueva creación. ¿Eso es malo?, sin ser el mejor escenario de los posibles, es bastante mejor que lo existente hasta ahora. Es un paso adelante en la lucha, que es la que permite dar el salto de lo social a lo político, y no parece buena opción, por lo menos al que esto escribe, intentar ponerle puertas al campo de nuevo con el discurso del “Vótame a mi que yo lo hare mejor que los actuales” y “el no te atrevas a dar un paso en política, que eso no es útil, que para eso ya estamos los de siempre”. Mejor sería un escenario de mayor unidad de las fuerzas de la izquierda, sin duda; mejor sería un escenario de confluencias programáticas en claves más rupturistas con lo existente, evidente, pero como todo tendrá sus pasos, y querer ahogar a los nños/as en la cuna, emulando a Herodes, no me parece sea el mejor discurso posible para las direcciones de la izquierda que se considera alternativa.

No debe haber miedo ni a la discrepancia, ni al debate, y mucho menos a la confrontación electoral, es una parte de la democracia, sustancial, sin dudarlo. Sólo en la medida que cambie la correlación de fuerzas a favor de esas nuevas organizaciones políticas emergentes y en la medida que el pueblo se autoorganice y participe activamente en la cosa publica, será posible de verdad un cambio social. Querer impedirlo todo en base al discurso de la unidad formal, sin base de confluencia real, o sobre todo en el “ordeno y mando”, sería el peor de los escenarios posibles. Así que votemos, todos/as, y yo el primero, el próximo 25 de Mayo, sin coartadas ni imposiciones, a las opciones que más nos gusten o satisfagan, y el 26 de Mayo, volvamos a la lucha, y con los resultados en la mano, con la experiencia que vayamos adquiriendo, y con voluntad y generosidad, demos un paso más en los caminos de la unidad de las fuerzas del cambio social alternativo. Cualquier elemento de imposición que intentente distorsionar la realidad de esos procesos de confluencia, en nombre de lo que sea, esta condenado al fracaso, y la historia lo ha demostrado millones de veces. Y lo que es aún pero, no vaya ser que por no poder elegir, el pueblo muera de inanición democrática, y en vez de surgir la alternativa a la crisis por la izquierda surja de nuevo de manos del Fascismo.