Asociación Alambique, 10 años destilando justicia social

18 de avientu de 2013 DE 2013 • Glayiu

Entrevistamos a lxs compañerxs de Alambique en su décimo aniversario, la asociación surgió en el 2003 como respuesta a la inquietud de un grupo de personas, que día a día tratan de definirse, en sus formas y contenidos, como una asociación independiente, crítica, reivindicativa y que invita a la reflexión. El colectivo se creo para ser una herramienta útil para denunciar y visibilizar la exclusión social y proponer ir experimentando herramientas en lo concreto que ayuden a caminar hacia las alternativas a esta sociedad capitalista y patriarcal.

• ¿Qué es y cómo surge Alambique?

Alambique somos un colectivo formado por personas que venimos de distintos ámbitos (lo social, la educación, la medicina…) que compartimos el cuestionamiento del modelo social que vivimos y entendemos que hay que construir alternativas desde lo colectivo.

La Asociación surge en el 2003 como respuesta a la inquietud de un grupo de personas que, en aquel momento, trabajando en el ámbito de la intervención social, percibíamos (y seguimos percibiendo) en los espacios de atención directa una serie de carencias:

- Falta de REFLEXIÓN sobre la exclusión, sus verdaderas causas, su multidimensionalidad... a la hora de plantear la intervención, llevados normalmente por la premura del día a día.

- Falta de INDEPENDENCIA y ACTITUD CRÍTICA en la medida en que los programas-proyectos quedan determinados por las líneas de intervención social que vienen marcadas desde el ámbito político así como por las partidas presupuestarias determinadas para ello.

- Falta de REIVINDICACIÓN ante las situaciones de injusticia o desamparo ante las que nos encontramos a muchas personas en el contacto directo con colectivos en riesgo o situación de exclusión.

Ante esto, ALAMBIQUE nace y trata de definirse día a día, en sus formas y contenidos, como una asociación INDEPENDIENTE, CRÍTICA, REIVINDICATIVA Y QUE INVITA A LA REFLEXIÓN.

• ¿Qué tipo de lucha planteáis contra la exclusión social?

Desde Alambique planteamos una lucha contra la exclusión social que pasa por la denuncia del capitalismo, que nos excluye de la posibilidad de desarrollar nuestras propias vidas, visualizando el empobrecimiento y la exclusión social que éste provoca.

Y este planteamiento podemos verlo desde varios ejes:

1. Una lucha desde la sensibilización y la reivindicación, desde un despertar conciencias, entendiendo que la realidad de la exclusión es cosa de TODOS Y TODAS.

2. Una lucha desde la persona. Es la propia persona afectada la que tiene que ir tomando las riendas, ser consciente de los derechos que no se le están respetando y ejercer su protagonismo en la lucha por reivindicarlos.

3. Una lucha contra el actual modelo social (capitalista, individualista, patriarcal, consumista...) apoyando nuevos procesos de socialización, de economía, de consumo...

4. Una lucha contra el actual concepto de trabajo y el mercado laboral que favorece el que la persona esté al servicio del trabajo y no viceversa.
En definitiva, una lucha contra la exclusión social que se plantea la consecución de los derechos sociales básicos (alimentación, vivienda, salud y educación) de manera comunitaria

• ¿Qué acciones y herramientas venís desarrollando?

Las herramientas que venimos desarrollando son:

Las Campañas DE MOVILIZACIÓN Y DENUNCIA: En estas campañas buscamos visualizar y denunciar las causas de la exclusión social, mediante procesos de reflexión y acción continuada con diferentes temáticas.
Así hemos desarrollado Campañas por la Redistribución de la riqueza “Es hora de repartir la tarta” donde se analizaba la riqueza y su distribución en Asturies así como diferentes herramientas para cambiar la situación; “Vivir dignamente es un derecho” que buscaba trabajar en lo más concreto la situación de precariedad económica y vital y cómo afecta la carencia de prestaciones sociales en nuestra vida. O la actual “Contra sus recortes nuestras alternativas” que plantea la necesidad de proponer herramientas en tres ejes, la desobediencia, el apoyo mutuo y la Renta Básica de las iguales.

LA OFICINA DE INFORMACIÓN Y DENUNCIA SOBRE DERECHOS SOCIALES: Una de las herramientas que quizás mejor nos identifique es la Oficina de información sobre derechos sociales La Espiral. Se trata de un punto donde se acerca y se recibe la información sobre diferentes prestaciones, especialmente las económicas: salario social básico (el nombre de la renta mínima en Asturies) y ayuda de emergencia social (municipal). La premisa fundamental se resume en “por falta de información, no te quedes sin derechos”. Se intenta darle una vuelta a la desinformación con que nos movemos cuando estamos sin recursos y que cuando se acude a solicitar una prestación se haga en clave de derecho y no de limosna. Además, nos sirve a las personas que estamos en el colectivo para obtener información de muchas realidades de nuestro entorno y articular la denuncia a partir de éstas.

INICIATIVAS COMUNITARIAS:
Otra de las herramientas tiene que ver con lo comunitario, con el territorio donde ALAMBIQUE está situado y desarrolla su práctica cotidiana. En el barrio de Nuevo Gijón, Perchera y la Braña, ALAMBIQUE desarrolla y apoya todas las iniciativas propias o de otras personas y grupos de la zona, que proponen rescatar el control y la gestión de nuestras vidas y nuestros derechos. Un ejemplo es la elaboración de “La Voz del Barrio” una revista que se edita en el barrio como medio de comunicación o las “Comidas comunitarias” como espacio de relación y de apoyo mutuo.

RENTA BÁSICA DE LAS IGUALES
Otra de las herramientas que defendemos desde colectivo y que sirve para plantear y poner en el mapa la cuestión de la falta de ingresos para poder tener acceso a una vida digna. La Renta básica de las iguales como una propuesta que plantea el derecho a un ingreso reconocido universal, individual e incondicional, con una cuantía por encima del umbral de la pobreza y siempre con un planteamiento en clave colectiva, para caminar hacia la gestión colectiva de los recursos y la satisfacción de necesidades. Sirve, además, para poner en cuestión la centralidad del empleo en nuestras vidas cómo una forma para el acceso a una vida digna.

• ¿Cómo valoráis la actual situación de crisis y recortes, que acentúa cada vez más la diferencia entre ricos y pobres?

La situación actual de más de 100.000 personas desempleadas en Asturies y de 180.000 personas por debajo del umbral de la pobreza, solo viene a mostrar con toda su crudeza la naturaleza y la esencia del capitalismo (el conseguir el mayor beneficio en el menor tiempo posible). Y cómo en determinados momentos esta crudeza afecta a mayor parte de la población.
En este sistema siempre hay una parte de la población que está en situación de exclusión y carencia, independientemente de que se hable de crisis. El capitalismo necesita que para que unos pocos ganen mucho más, la mayoría vaya perdiendo lo más esencial. Lo que sucede es que en esta crisis de acumulación el abanico de personas en situaciones más extremas se está ampliando. En tiempo de crisis o tiempo de “bonanza”, siempre hay un porcentaje parecido de personas por debajo del umbral de la pobreza (desde los años 80 nunca se ha bajado del 20%). Es lo mismo que el cuento del paro, el pleno empleo es una fantasía.
La sociedad tenemos que asumir que de estos años vamos a salir con una mayor fractura social (una mayor desigualdad) y con esa parte de la población que está en una situación de carencia más amplia, y sin posibilidades de incorporarse a la sociedad capitalista. Esto va a afectar de manera más importante a algunos grupos como son las personas que habitan en nuestros barrios, las mujeres y los niños y niñas.

• ¿No debería ser el propio Estado el qué pusiera los medios para acabar con la exclusión social?

La exclusión social es un fenómeno que resulta funcional tanto a los distintos poderes donde está incluido el Estado, como a toda la amalgama de respuestas que desde el Estado (de forma directa o delegando en otros) se plantean para paliar esa situación. La exclusión social resulta algo funcional, precisamente, porque se percibe de puertas hacia fuera como algo a combatir, cuando en realidad sirve de engranaje a la maquinaria misma del sistema: personas que viven alejadas de los beneficios de estar “integradas” en el sistema y que además son una fuente de riqueza tanto en la aparición de empleos dedicados a gestionar esa pobreza, como a la hora de poder poner un envoltorio disfrazado de protección social a las políticas que aglutinan la riqueza en unos pocos y la pobreza en la mayoría.

El papel del Estado se puede ver de distintas formas: desde que debería ser un garante del bienestar de las personas, por lo que hay que exigirle también que cumpla con sus responsabilidades, hasta analizar el papel que tiene de legitimador de la desposesión de derechos y de apuntalar el modelo económico y social que nos convierte en empobrecidos para que otros puedan enriquecerse aún más.

Desde ahí entendemos que el Estado no está poniendo en el centro de la economía las necesidades básicas de las personas, y debemos exigir que cumpla con las responsabilidades que tiene; pero también debemos empezar a caminar hacia una gestión colectiva de nuestras necesidades y de la riqueza, caminar hacia la consecución de nuestra autonomía como individuos y como colectividad, hacia el convencimiento de que la legitimidad para la gestión de nuestras vidas es de nosotras mismas, y esa legitimidad también debemos quitársela al Estado.

La lucha contra la exclusión y la transformación social pasa necesariamente por apostar no por lo público, entendido como lo “estatal” si no por la gestión comunitaria de nuestros derechos y de la riqueza

• ¿Qué trato recibís por parte de las instituciones y gobiernos locales cada vez que visibilizáis un caso de exclusión social?

En general no hay buen trato. Como buscamos visualizar, más allá de situaciones personales, cuestiones que tienen que ver con las realidades más amplias de carencia de recursos… pues se sienten cuestionados en su responsabilidad política. Es fácil para ellos solucionar un caso puntual, pero cuando visibilizas el fracaso de una política, o cosas tan visuales como que un Ayuntamiento gasta más en iluminación navideña que en Ayudas de Emergencia Social… es otro cantar. Como no gestionamos recursos de la administración no somos fáciles de controlar por esta parte. Y cuando tenemos oportunidad de hablar con algún responsable político, sean mejores o peores las formas, las respuestas siempre tiene que ver con escurrir el bulto y no reconocer que no existe prioridad en garantizar unos mínimos a todas las personas.
Con las administraciones hay dos reacciones inmediatas cuando visibilizamos y denunciamos las situaciones de exclusión social.
La primera es negar lo que estamos denunciando, para ello utilizan todos los medios que tienen a su alcance, noticias en la prensa y los medios de comunicación..etc.
La segunda, que no siempre se produce es buscar una solución o un favor individual para esa situación.
Cuando desde la denuncia les planteas que no se quieren soluciones individuales si no colectivas es cuando el “dialogo” se rompe y en ese momento todo lo que se ha conseguido ha sido a base de continuar la presión y la denuncia de la situación.
Precisamente ese hecho de buscar visibilizar, más allá de situaciones personales, cuestiones que tienen que ver con las realidades más amplias de carencia de recursos… pues cuestiona su responsabilidad política y al final el trasfondo de sus respuestas siempre tiene que ver con no reconocer que no existe prioridad en garantizar unos mínimos a todas las personas.

• Tras 10 años de batalla, ¿qué valoración hacéis y con qué momentos os quedáis?

Nuestra valoración después de estos diez años es positiva. Creemos que ALAMBIQUE es una herramienta útil para denunciar y visibilizar la exclusión social y proponer ir experimentando herramientas en lo concreto que ayuden a caminar hacia las alternativas a esta sociedad capitalista y patriarcal.
Es difícil poder quedarse con algún momento concreto en estos años, si tuviésemos que hacer el esfuerzo por destacar alguno, quizás elegiríamos dos.
Por un lado los momentos y espacios comunitarios en los que vamos compartiendo y creando esa otra realidad que queremos y por otro las movilizaciones en que se ha conseguido mediante la presión que personas puedan acceder a recursos básicos.